Parado en el andén de la estación...

Cuarenta veces me tomaron del brazo inmovilizándome.

Recorrí nuevas rutas, caminos y ciudades. Y todos, ciegos sin hallar pan, ni agua ni sangre.

Devolvieron ayuntamientos, casas, huertas al más joven de todos.

Y éste, administró su riqueza, la devolvió a su vez a los viejos; y éstos, cansados, la pusieron en el centro.

Y cada quien, cada uno tomó lo que consideró justo y necesario.

Hubo aun ladrones, cínicos y cínicas que seguían clamando por más, reclamando actos pasados con el hijo en brazos. Hubo otros, silenciosos que se retiraron a la calma de la montaña a seguir removiendo la tierra dura infértil que dejaron a su paso los bandidos.

Hubo otros más. Se quedaron en el pueblo a meditar. En silencio. Resistiendo amenazas, injurias y maltratos.

Al paso del tiempo cantaron.

 

"Y poder mirar el vientre estelar de Madre María y poder alcanzar su alondras mágicas,

mágicas..."

 

Se queda en el camino un libro, una canción y una película.

 

Pensé en esa canción...no en su letra, tan solo melodía y estribillo.

 

Nada más.

 

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